martes, 5 de mayo de 2015

Pabellones autonómicos: Cataluña

Uno de los proyectos presentados al concurso del Pabellón de Cataluña de la Expo'92 fue el presentado por las arquitectas Silvia Farriol y Anna Soler.

Fuente: solerfarriol

Fuente: solerfarriol

Sin embargo, el proyecto ganador rompía con el resto de propuestas.
Los arquitectos Pere Llimona y Xavier Ruiz presentaron un edificio que huía de ortogonalidades y paralelismos, resultando un proyecto en el que las paredes no eran paralelas.

El espacio del pabellón quedaba cerrado por tres cuerpos en forma de "V", unidos por un espacio central, alrededor del cual se desarrollaba un sistema de rampas que constituía el eje fundamental de circulación.

Entre cuerpo y cuerpo quedaban unas rendijas verticales, a manera de puertas entreabiertas, que invitaban a descubrir el misterio interior.
El pabellón era un contenedor, una arquitectura neutra que evitaba competencia al contenido.


Fuente: Pere Llimona

Fuente: Pere Llimona

Fuente: Bea Goller

Fuente: OCW de la Universidad de Sevilla

Fuente: FCC Construcción

Fuente: Guía Oficial Expo'92


Fuente: Revista Espais (Francesc Roca)

Fuente: No digas que fue un sueño

El edificio, que contaba con tres plantas y un sótano, sólo tenía un pilar en toda su estructura, aprovechando así mejor la luz proporcionada por los aparentes muros de hormigón, realizados en realidad con perfiles metálicos de hierro, algo no frecuente pero útil para eliminar pilares.

Este edificio, un poco torcido, respondía a una de las interpretaciones el topónimo Cataluña, como tierra de castillos.


Fuente: Icarus UK

El restaurante y el bar se situaban en la última planta, para permitir la vista del Lago de España.

Delante del pabellón ondeaba una enorme senyera.

Fuente: Niels Kolditz

Fuente: Cercha (García Cordero)

Hacia el final de la obra del pabellón los arquitectos se dieron cuenta de que no se había previsto ningún rótulo. Les pareció que en ese edificio sólo cabía una pintada callejera, por lo que se recurrió a Antoni Tàpies, que aceptó encantado.

De este modo Tàpies decoró la fachada principal junto a la entrada del pabellón, revestida al igual que todo el exterior con losas de piedra calcárea de Cabra para darle aspecto de castillo.

Fuente: Joey Robledo


Fuente: Recuerdo Ilustrado Expo'92 (P. Aimar)

Fuente: Pabellón de la Navegación

Fuente: agostinho sousa

Fuente: Carlosherbane

Fuente: Canaan

Este mural quedó listo justo el día antes de la inauguración de la Expo’92, por lo que se temió que quedara fresco para entonces o que tuviera problemas en días de lluvia, algo que por suerte nunca ocurrió.

Dado el estilo de este innovador rótulo algunos visitantes pensaron que se trataba de algún acto vandálico realizado sobre la limpia fachada.


Este pabellón efímero fue utilizado tras la exposición en Cartuja. El Parque de los Descubrimientos, permaneciendo allí hasta su derribo en 1998.
Con este derribo, desgraciadamente, el mural de Tàpies se perdió al haber sido realizado sobre la fachada, como ampliación del boceto original.




En el interior, una exposición permanente compartía el pabellón con exposiciones temporales, donde cada semana se podía contemplar el trabajo de un artista catalán diferente.
De igual modo, en el restaurante cada semana podía probarse una demostración gastronómica catalana distinta.

Los contenidos del pabellón promocionaban el turismo de Cataluña, habiendo también una dedicación especial a sus Juegos Olímpicos.

Fuente: Pere Llimona


Fuente: Icarus UK

Fuente: Diario 16 (Paco Cazalla)

También contó con la exposición de Bea Goller sobre el pabellón, inaugurada anteriormente en el COAC de Barcelona.
En esta exposición se recreaba el pabellón catalán y mostraba, entre otras, imágenes de su construcción.

Fuente: Bea Goller

Lejos de los conflictos institucionales actuales, en el pabellón se inauguró una muestra que mostraba a Barcelona como capital mundial de la edición en castellano.


Fuente: Jaime Raynaud

Fuente: Jaime Raynaud

El pabellón contó durante tres días con un elemento expositivo que no estaba programado inicialmente.

El 20 de mayo el F. C. Barcelona ganó la Copa de Europa. Al término de este encuentro, que fue visto en el recinto por centenares de aficionados, surgió de forma espontánea la idea de que el trofeo fuera expuesto en el pabellón.

Lejos de caer en saco roto, esta idea prosperó.
El presidente del club, José Luis Núñez, lo anunció afirmando que era un deber de gratitud con la afición sevillana, que se había volcado con el equipo seis años antes, cuando el equipo no pudo ganar la final celebrada en Sevilla.

Así, el 19 de junio la Copa de Europa llegó a Sevilla, siendo presentada en el Ayuntamiento y posteriormente trasladada al pabellón.
Los portadores de la copa fueron los jugadores sevillanos Nando y Serna, en un guiño especial a la ciudad.

Fuente: ABC

A la entrada del pabellón, Curro dio la bienvenida a la comitiva azulgrana.

Fuente: ABC


Fuente: La Vanguardia (Rodolfo Molina)

Fuente: ABC

Durante aquellos tres días muchos aficionados y curiosos desfilaron ante la Copa de Europa para fotografiarse con el trofeo.

Fuente: PacoMelli



Además de sus contenidos, el pabellón organizó diversos actos para celebrar el Día de Honor de Cataluña, que se celebró el 22 de abril.
La comitiva catalana estuvo encabezada por el presidente autonómico.


Fuente: Jaime Raynaud

Tras los actos protocolarios y las actuaciones musicales regionales llegó el gran reclamo de los visitantes, la participación de Els Castellers de Vilafranca, que actuaron a las puertas del pabellón y a las puertas de El Palenque.

Fuente: La Vanguardia

Fuente: Europhoto EFE (Emilio Morenatti)

Fuente: ABC (Ángel Doblado)

Fuente: El Correo de Andalucía (Francisco Sánchez)

Por la tarde, en los Jardines del Guadalquivir tuvo lugar un encuentro regional donde hasta el presidente autonómico participó bailando las típicas sardanas.

Fuente: ABC (Díaz Japón)

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