lunes, 15 de junio de 2015

El bombardeo de Sevilla

El General Espartero, destacado militar y político del siglo XIX, llegó a la Jefatura del Estado como Regente durante la minoría de edad de Isabel II.


Fuente: Patrimonium Hispalense

Pero su actuación fue desacertada y pronto acabó poniendo a todo el mundo en su contra, manifestándose en todo el país una gran hostilidad hacia su actitud dictatorial.

Distintas acciones opresoras llevaron en 1843 al pueblo sevillano a unirse al movimiento surgido en otros puntos del país en contra de Espartero.

En un primer intento el Ayuntamiento hispalense trató de restituir la calma en la población, pero ante el abuso de la autoridad militar decidió respaldar a sus ciudadanos creando una Junta Provisional de Gobierno.

Se preparó pues la ciudad ante un posible ataque mediante la construcción de fortificaciones, la creación de nuevos batallones y el acopio de armamento.

El 18 de julio Van Halen atacó Sevilla. Durante los días siguientes continuó el fuego, lanzando contra la ciudad bombas y balas rasas, al que contestaba la artillería sevillana.

El día 23 llegó Espartero frente a Sevilla con su división, y tras un fallido intento de persuadir a la población a la rendición, el día 24 rompió fuego desde las cinco de la mañana hasta bien entrada la noche.

Tras otros ataques los días consecutivos, el Ministerio de la Guerra comunicó al general que debía cesar las hostilidades contra Sevilla o sería declarado traidor de la patria y privado de todos sus honores.

Esto motivó el abandono del cerco a Sevilla, huyendo a El Puerto de Santa María para embarcar hacia Inglaterra, donde se exilió hasta ser perdonado, en 1848.

El panorama que quedó en la ciudad mostraba calles sembradas de escombros y una gran cantidad de casas y edificios destruidos. Y por encima de todo la gran multitud de muertos y heridos.

El 2 de agosto, como recompensa por la heroica defensa de Sevilla, el Gobierno concedió a la ciudad en nombre de Isabel II el título de INVICTA, colocándose sobre sus armas una corona cívica.


Fuente: MRC

Varios son los testimonios de estos acontecimientos que aún quedan en la ciudad.

En el suelo del patio del Archivo General de Indias, donde cayó una de las bombas, aún podemos ver una de las losas marcada como recuerdo. A pesar de estar algo desgastada, es reconocible la imagen de una bomba y la fecha del 23 de julio de 1843.


Fuente: Sergio David Cansado (Esa Sevilla)

Sobre la fachada de la Casa Palacio de Miguel Mañara encontramos una de las bombas lanzadas que no llegó a estallar.


Fuente: Desconocida

Otra de las bombas lanzadas se conserva como recuerdo sobre una fachada de la calle Mosqueta.


Fuente: Sergio David Cansado (Esa Sevilla)

Quizás la mayor evidencia del destrozo provocado por este bombardeo lo encontramos en la azotea de la Fábrica Real de Tabacos.

Su cornisa recibió un duro impacto, y como testimonio fue colocada una placa en la que con dificultad puede leerse:


Fuente: Sergio David Cansado (Esa Sevilla)


En el sitio y bombardeo 
que sufrió esta ciudad, 
por haverse alzado y 
negado la obediencia 
al regente del Reyno 
Duque de la Victoria, 
cayó y rebentó 
una bomba en este 
sitio 
a las doce del día 22
de julio de 1843.

Además de la placa, para hacer recordar los daños sufridos, la pilastra y pináculo derribados siguen en el mismo estado, pudiendo compararse con el resto de pilastras adosadas a la cornisa.


Fuente: Sergio David Cansado (Esa Sevilla)

Fuente: Sergio David Cansado (Esa Sevilla)

Fuente: Sergio David Cansado (Esa Sevilla)

Sevilla es una ciudad donde en ocasiones se dan circunstancias difíciles de explicar.

El General Espartero, quien obtuvo el título de Duque de la Victoria por sus numerosas hazañas bélicas, fue nombrado en 1841 Regente de Isabel II.

A raíz de esto, ese mismo año se acordó rotular como plaza del Duque de la Victoria la que desde comienzos del siglo XVI se conocía como plaza del Duque de Medina-Sidonia, aunque siempre fue nombrada, oficial y popularmente como plaza del Duque.

La ciudad tuvo que defenderse de sus ataques en 1843.

No obstante, pese a todo esto, en 1868 se acordó adicionar a los rótulos de la plaza del Duque: "de la Victoria".


Fuente: Sergio David Cansado (Esa Sevilla)

Conservó este nombre hasta julio de 1936 en que pasó a llamarse plaza del General Queipo de Llano, pero en septiembre del mismo año la ciudad perdió la oportunidad de dotar a la plaza con un nuevo nombre, recuperando el dedicado a Espartero.

Al menos en la conciencia popular, esa que en general desconoce a quién se dedica esta plaza y las agresiones que llevó a cabo contra los sevillanos, siempre fue y será conocida como plaza del Duque.

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